Las obras de los ceramistas Zuloaga que podemos contemplar en las salas del palacio episcopal de Segovia abarcan las dos primeras generaciones, que se corresponden cronológicamente con el último tercio del siglo XIX y primera mitad del siglo XX aproximadamente .


La primera generación empieza con los hermanos Zuloaga: Guillermo (1848-1893), Daniel (1852-1921) y Germán (1855-1886), hijos de Eusebio Zuloaga y de Ramona Boneta, ambos expertos en el arte del metal, y propietarios de una fábrica de armas en Eibar y de un taller de metalistería en Madrid. Sus hijos aprendieron cerámica en la Escuela de la fábrica de porcelana de Sèvres, y unos años después de su vuelta a Madrid fundaron la fábrica de la Moncloa.


 En la fábrica de cerámica de La Moncloa recuperan las técnicas tradicionales españolas, como la cuerda seca, la cuenca o arista y el reflejo metálico, introduciendo además el estilo de moda en Europa, el Neorrenacimiento. En estos momentos, los hermanos Zuloaga con sus decoraciones cerámicas aplicadas a la arquitectura, de la mano del arquitecto Ricardo Velázquez Bosco, se situarán en la primera línea de la cerámica española, con ejemplos sobresalientes como el Palacio de Velázquez en el parque del Retiro de Madrid, hecho para celebrar la exposición de Minería de 1883, en la que la fábrica de la Moncloa también tuvo su propio pabellón, exponiendo en el interior las cerámicas que se hacían en su fábrica. La etapa de la Moncloa terminó en 1893, año en que Daniel se trasladó a Segovia, con sus dos hermanos ya muertos.


En esta primera fábrica, los Zuloaga se dedicaron a la búsqueda de materias primas apropiadas, estando la parte técnica y dirección en manos de Guillermo, mientras que Germán y Daniel se ocupaban de la parte artística. Se utilizaron tanto arcillas rojas como blancas, que tenían caolín en su composición. La mayor parte de los azulejos que conocemos son de arcillas que van del color ocre claro al rojo. La mayoría están hechos con prensa mecánica, presentando muchas veces en el reverso una serie de casetones y la leyenda La Moncloa junto a un asterisco. En cuanto los colores de los esmaltes, predominan los de la paleta renacentista española, con azules, verdes y melados, con el contorno en negro de manganeso.   


En 1893, Daniel Zuloaga, ya en solitario, como dijimos antes, se trasladó a Segovia a trabajar en la fábrica de loza de La Segoviana, propiedad de la familia Vargas, en la que mantendrá una cierta independencia, teniendo su propio taller y sus propios operarios. Estos años coinciden con la etapa modernista de Daniel, creando una serie de formas y decoraciones cerámicas en este estilo, que dará a conocer por toda España.


Durante su etapa en esta fábrica de loza de Segovia, Daniel utilizó la pasta industrial caolínica, que destaca por su blancura. Sobre ella, los esmaltes presentan una gran calidad de transparencias y en la paleta predominan colores suaves con tonos pasteles. Los azulejos utilizados eran los que se hacían con prensa mecánica en la fábrica. Suelen presentar una serie de casetones en el reverso, aunque algunos llevan varias acanaladuras paralelas y siempre carecen de marcas. El entubado es una de las técnicas más utilizadas en la etapa modernista. En algún documento llaman a este procedimiento ribeteado, y Daniel lo explica como una técnica de índole completamente artística, distinguiéndose por ser la ejecución a mano sobre bizcocho de porcelana, y por esta causa pueden ejecutar cuantos dibujos se les exijan, cualesquiera que sean.


A mediados de 1906, por desavenencias con los dueños de La Segoviana, se marchó a San Sebastián como director de la fábrica de porcelana de Pasajes de San Juan. Aquí permaneció algo más de un año, volviendo de nuevo a Segovia.
En 1907, Daniel se instaló definitivamente en Segovia en El taller de San Juan de los Caballeros, en la iglesia románica desamortizada del mismo nombre. Aquí desarrolló el estilo Zuloaga más conocido, el regionalista, con temas sacados sobre todo de los tipos y costumbres castellanas, dentro de la estética de la Generación del 98. También creará Daniel en estos momentos una serie de formas y decoraciones inspiradas en el estilo románico, influido por los relieves escultóricos de la iglesia en la que estaba trabajando. Otra de sus fuentes de inspiración fue la cerámica  de Próximo Oriente, a la que denominó como de estilo persa o árabe-persa. Con las piezas diseñadas en San Juan de los Caballeros cosechó los mayores triunfos de la cerámica española de su época, como el primer premio de la Exposición Nacional de Artes Decorativas de 1911.


En El taller de San Juan de los Caballeros, Daniel debió afrontar de nuevo la búsqueda de materiales, ya que no disponía del caolín de la fábrica La Segoviana. Las materias primas que le ofrecía la provincia de Segovia fueron objeto de su estudio, tal como la sílice de Bernuy de Porreros. Abandonó las pastas blancas y trabajó con las rojas, ricas en óxido de hierro.
Entre las técnicas especiales de esta época, destacan los esmaltes sobre piedra. Se trata de utilizar como base en lugar de pastas cerámicas, piedras naturales, experimentando sobre todo con piedras silíceas y pizarras, siendo estas últimas las que le dieron mejores resultados. Todas estas investigaciones se encaminaban a la búsqueda de un material que, esmaltado, resistiera bien los fenómenos atmosféricos, pues las pastas cerámicas no siempre daban buenos resultados. Los esmaltes sobre pizarra se convertirán en una característica del taller de San Juan de los Caballeros.


En cuanto a la paleta utilizada en el taller de San Juan de los Caballeros, el color sobre las tierras rojas se vuelve más sombrío y expresivo, con recuerdos de la pintura barroca española y de Goya. Junto a este estilo, aparece otro de influencia oriental, con tonos multicolores, muchas veces con abundancia de reflejos y lustres, destacando el azul cobalto, el color más reconocido en la obra de los Zuloaga.


Una faceta importante de Daniel Zuloaga será su relación con la enseñanza. En 1889 es nombrado profesor de cerámica de la Escuela Central de Artes y Oficios de Madrid, hasta 1893. Cuando Francisco Alcántara fundó la Escuela Especial de Cerámica de Madrid en 1911, uno de los catedráticos elegidos para ponerla en marcha fue Daniel y otro, Enrique Guijo, el padre del resurgimiento de la cerámica de Talavera.


En El taller de San Juan de los Caballeros, Daniel es ayudado por sus hijos, Esperanza (1882–1937), Juan (1884–1968) y Teodora (1886-1976), tenidos con Emilia Estringana.


Dentro de esta segunda generación Zuloaga, Juan es la figura más destacada. Fue becado por la Junta de Ampliación de Estudios, en la Escuela de Cerámica de Sèvres en 1911. En 1912, viajó desde Francia a Italia, continuando su pensión con una ayuda de la misma Junta de Ampliación de Estudios. Ya de vuelta en Segovia, al tiempo que ayuda a su padre en el taller fue también profesor auxiliar de la Escuela de Cerámica de Madrid, así como director de la Escuela Elemental del Trabajo de Segovia. Cuando en la posguerra española el taller segoviano entre en crisis, marchó a Argentina como director de la Escuela de Cerámica de la ciudad de Mar del Plata, aunque regresó a España poco después.  


Esperanza, en 1925 fue pensionada por el gobierno español para estudiar cerámica en Francia; posteriormente, volvió a Francia, estudiando en Limoges en 1929 y en Sèvres en 1930. Ese mismo año también viajó a Inglaterra, a Stoke–On–Trent con otra pensión, para profundizar en el estudio de los esmaltes.


Teodora, en 1925 fue pensionada por el gobierno español para ampliar estudios de cerámica en Sèvres. Desde la muerte de su hermana Esperanza en 1937, se ocupará de las relaciones comerciales del taller. En 1949, al crearse el Museo Zuloaga en el taller de San Juan de los Caballeros, fue nombrada directora, ocupando este cargo hasta 1969, en que pasó a ser directora honoraria.


Los hijos de Daniel se caracterizaron por mantener el estilo tradicional Zuloaga, repitiendo fundamentalmente las mismas piezas con los moldes dejados por su padre y  dentro de una estética similar. Dentro de la cerámica aplicada a la arquitectura, su obra más destacada fueron los murales de dos estaciones del metro de Buenos Aires, en 1934.


En cuanto a las materias utilizadas por los hijos de Daniel Zuloaga, ellos mismos han dejado por escrito que usan tierras segovianas mezcladas con sílice, que son principalmente de color pálido y ocre. Una de las casa extranjeras que suministraban los reflejos metálicos, era la inglesa Wengers, hasta el final de la actividad del taller. En 1934 hicieron grandes pedidos para los murales del metro de Buenos Aires. En relación con el estilo, los hijos de Daniel se vuelven minuciosos en los detalles y explotan al máximo la gama de tonos metalizados, jugando con las bases de esmaltes, con lo que lograron una amplia variedad de tonos.   

Un recorrido por las salas del Museo

El visitante, después de ascender por la gran escalera triunfal del palacio episcopal, con sus coloridos zócalos de cerámica talaverana de la fábrica de Ruiz de Luna, llega a una gran puerta de dobles hojas de cristales grabados, tras de los cuales se anuncia ya en el frente la obra de los Zuloaga. Se trata de un gran mural de azulejos con un segoviano en burro, enmarcado por uno de los arcos románicos de la iglesia de San Juan de los Caballeros.
 
Es una obra muy representativa, pues era el anuncio que Daniel llevaba a las exposiciones y que permaneció en el taller hasta que se convirtió en Museo Zuloaga, en 1949. En una de las paredes de al lado, se puede ver un gran lienzo al óleo, donde Daniel Zuloaga ha pintado a su familia, aunque no lo llegó a terminar. Se completa el conocimiento del aspecto de los miembros de la familia Zuloaga con unas fotografías, en una de las cuales parece, sentado en la parte inferior al lado de su tío, el gran pintor Ignacio Zuloaga.
 
A nuestra izquierda se abre una puerta por la que accedemos a los espacios dedicados a los Zuloaga ceramistas. Atravesamos la primera sala y, entramos por una puerta enmarcada con un gran mural de azulejos en forma de fachada,  con decoración de estilo neorrenacentista. Procede de la fachada del Laboratorio que Daniel tenía en la fábrica de loza de La Segoviana. En esta primera SALA I se puede ver cerámicas de la época de la fábrica de La Moncloa y de la época de la fábrica de La Segoviana.
 

SALA I: PRIMEROS AÑOS EN MADRID. LA FÁBRICA DE LA MONCLOA (1877-1892). LA COLABORACIÓN CON SUS HERMANOS GUILLERMO Y GERMÁN

El primer trabajo importante que recibieron los Zuloaga llegó en 1883 al encargarles el arquitecto Ricardo Velázquez Bosco la decoración cerámica externa del Pabellón del Retiro en la Exposición Nacional de Minería, Artes Metalúrgicas, Cerámica, cristalería y Aguas Minerales.
 
Nada más entrar en la SALA I, frente a nosotros, una vitrina que ocupa gran parte de la pared, nos muestra en la mitad inferior algunas de las fotografías que Laurent tomó del pabellón que la Moncloa montó en esta exposición. En la mitad acristalada superior, un gran número de formas cerámicas, como cornucopias, un jarrón en forma de bote de farmacia y unos azulejos representativos de la cerámica aplicada a la arquitectura que se hacía en esta fábrica a finales del siglo XIX, que se completan con otros piezas colgadas en la pared, a los lados de la vitrina.


En 1886, ante la incertidumbre del trabajo en la fábrica de la Moncloa, Daniel montó un taller de cerámica en Vallehermoso (Madrid), enfrente del lugar que ocupaban las cocheras de los tranvías. Pero este taller lo compaginó con el trabajo en la Moncloa, con encargos que siguió recibiendo del arquitecto Velázquez Bosco, que les encargó ese mismo año las cerámicas del Palacio de Cristal del parque del Retiro de Madrid, y poco después los gigantescos murales de las fachadas Este y Oeste, de la Escuela de Ingenieros de Minas, que terminó en 1892 en colaboración con su hermano Guillermo. De esta importante decoración, podemos ver aquí, sobre la vitrina que antes mencionamos, uno de los bocetos que hizo el pintor Manuel Domínguez.

SALA I: PRIMERA ESTANCIA DE DANIEL ZULOAGA EN SEGOVIA: LA FÁBRICA DE LOZA LA SEGOVIANA (1893-1906).

El visitante sólo debe mirar a las restantes paredes de esta primera sala para encontrarse sumergido en la época de La Segoviana, donde predomina la estética modernista, con fondos blancos y colores pasteles planos, con plantas y flores, cisnes y aves en donde el trazo ondulante y decorativo tiene todo el protagonismo.
 
Obras importantes de esta época son: en estilo neorrenacentista, el jarrón azul y dorado, que procede de un palacio de la Infanta “la chata”, y  en estilo modernista, la  interpretación del famoso jarrón nazarí de la Alhambra, que destaca sobre una gran base cuadrada, así como un busto femenino de perfil en un gran plato, copiado de un diseño de Mucha, colocado junto a otras muchas piezas en otra vitrina.

Tenemos que fijar nuestra mirada también en una cornucopia con el retrato de una mujer, expuesta en una vitrina. Se trata de una técnica llamada fotocerámica, que Daniel Zuloaga aprendió junto a su amigo Castellarnau, y de la que se conserva muy pocos ejemplos.     

SALA II: EL ESTABLECIMIENTO DEFINITIVO DE DANIEL ZULOAGA EN SEGOVIA: SAN JUAN DE LOS CABALLEROS (1907-1921). LA COLABORACIÓN CON SUS HIJOS ESPERANZA, JUAN Y TEODORA

En 1907 Daniel volvió a Segovia, después del fracaso de la fábrica de Pasajes. Durante este primer año pintó el gran telón para el Monumento de Semana Santa de la catedral de Segovia, del que podemos ver aquí uno de los bocetos que le sirvieron para hacer el trabajo definitivo. Al tiempo que pintaba el Monumento de la catedral, transformó en taller de cerámica la iglesia de San Juan de los Caballeros, que había comprado años antes.
Los siguientes años serán de mucho trabajo y éxitos. En 1914 recibió del arquitecto Antonio Palacios el encargo de decorar con cerámicas las fachadas del Hospital de Jornaleros de Cuatro Caminos en Madrid. Una de las exposiciones de más éxito será la que presentó en el salón Parés de Barcelona, en el que volvió a exponer de nuevo en 1921. Su fama en esos años había llegado a todos los puntos de España y se le reclamaba en todas partes: Barcelona, Madrid, Salamanca, Huelva, Gijón, Bilbao, Toledo, Zaragoza,... En esta última ciudad participó en la Exposición Hispano Francesa. En 1920 organizó una exposición en el Majestic Hall de Bilbao y participó también en la exposición del Círculo de Bellas Artes en Madrid.
Además de los estilos neorrenacentista, neomedieval y el llamado persa, la estética predominante en la época de San Juan de los Caballeros es la que entronca con las ideas del noventa y ocho, dentro de la órbita regionalista, con la creación de numerosos modelos que abarcan todos los aspectos de la vida castellana: paisajes, monumentos, las faenas del campo, las romerías, las capeas, los pobres y los gitanos, pintados en murales y todo tipo de vasijas y platos, así como con la creación por parte de Daniel de algunas estatuillas. De todos ellos hay excelentes ejemplos en la exposición,
 
De su trabajo en relación con la cerámica aplicada a la arquitectura, un buen ejemplo expuesto es el conjunto de elementos arquitectónicos en relieve, de la casa de la plaza Canalejas de Madrid, construida entre 1916 y 1920.
      
1921 es el último año de la vida de Daniel Zuloaga. Por fin ve alcanzado el sueño de tener casa en San Juan de los Caballeros, construida por el arquitecto Eladio Laredo sobre la nave central de San Juan. Estos últimos años son de una gran actividad, exponiendo en Madrid, en el Palacio de Bibliotecas y Museos junto a artistas de Madrid y su provincia, y en Barcelona, la última exposición de Daniel en la sala Parés de Barcelona, pues murió mientras se llevaba a cabo, con gran éxito y venta de todas las obras.
En 1922 se hará una exposición póstuma de la obra de Daniel Zuloaga en el Palacio de Bibliotecas y Museos de Madrid, con gran éxito de la crítica y el público. Es la última exposición individual que se hizo sobre Daniel Zuloaga Boneta, en la que los hijos llevaron las obras más representativas a lo largo de su vida, como la gran chimenea de esquina, que se expone en esta sala.

 

SALA III: CONTINUACIÓN DE DANIEL ZULOAGA Y SUS HIJOS EN SEGOVIA, EN EL TALLER DE SAN JUAN DE LOS CABALLEROS.

Es esta SALA III una continuación de la SALA II, donde el visitante podrá seguir contemplando la gran variedad y riqueza de tipos, formas y decoraciones de la cerámica de los Zuloaga en la etapa de San Juan de los Caballeros, destacando en los últimos años la riqueza de esmaltes con reflejos metálicos y lustres de todos los tonos, como puede apreciarse en la variedad de cerámicas de la gran vitrina de extremos redondeados.
 

Uno de los aspectos menos conocidos y más novedosos de Daniel Zuloaga, es la utilización de las fotografías como bocetos para las decoraciones cerámicas. Daniel Zuloaga hizo muchas veces de fotógrafo, y en la exposición se puede ver alguna de sus fotografías, así como la de un amigo suyo, el fotógrafo pictorialista Luis Ocharan, cuya obra de la Puerta del Sol con lluvia fue utilizada por Daniel para pintar un mural de azulejos.
   

Rodeando la vitrina, nos sorprende en la pared de la derecha, uno de los murales más grandes pintados en el taller de San Juan de los Caballeros, una Alegoría de las Bellas Artes y las Artes Ornamentales, presentado por Juan Zuloaga a la Exposición Nacional de Artes Decorativas de 1912, donde se llevó una segunda medalla.
 
    
Frente a este mural, algunas pinturas de Daniel, que representan distintas escenas segovianas, y que nos permiten recordar que además de ceramista fue también un gran pintor
En un vitrina exenta, al lado de un cartel con un retrato de Daniel que diseñó el pintor catalán Bon, encontramos una pieza de gran interés, una lámpara con una pantalla de seda, pintada con motivos orientales por Daniel Zuloaga, y que nos lo pone en relación con el movimiento inglés de William Morris sobre el arte integral y el diseño artesano, preocupado por la creación de ambientes decorativos.   
 

Por último, son muy representativas de los Zuloaga algunas creaciones en relación con el arte religioso, inspiradas en el arte románico, como el frontal de Cristo con dos apóstoles, que copia el frontal de esmaltes de Silos, y el macetero con los evangelistas, que copia un capitel de San Isidoro de León.    

 

PASILLO DE SALIDA

La salida todavía nos depara algunas buenas sorpresas, pues se hace por un amplio y largo pasillo donde se han colocado algunas obras sobresalientes. Frente a la puerta de salida unas fotografías que presentan las relaciones del artista en Segovia con un grupo de retratos de personajes relevantes de la cultura segoviana, que Daniel dibujó en una pared de la redacción del diario Avisos, hoy día destruidos, pero de los que se conservan fotografías.
 
Destaca por su tamaño y colorido un gran mural, pintado por Juan Zuloaga. Representa una escena de Don Quijote atacando los molinos, y bajo ella un retrato de Cervantes dentro de un tondo. Otras obras interesantes a lo largo del pasillo, son el gran mural con escenas de la pasión de Jesucristo, pintado por Esperanza Zuloaga, y el luneto sobre una de las puertas, pintado por Teodora Zuloaga, y que estuvo sobre una de las puertas de la iglesia de San Juan de los Caballeros.
Por último, debemos destacar también algunas colaboraciones de los Zuloaga en relación con la arquitectura, como la fuente adosada y el banco, ambos en azulejos pintados.